6 DE ENERO DE 2026
Vive bajo la bendición
Cuando fallece un miembro de nuestra familia o un amigo, cuando nos quedamos sin trabajo, cuando suspendemos un examen, cuando vivimos la experiencia de una separación o un divorcio, cuando estalla una guerra, cuando un terremoto destruye nuestro hogar o nos afecta de algún modo, surge espontáneamente la pregunta:«¿Por qué?», «¿por qué a mí?», «¿por qué ahora?», «¿por qué aquí?». Es tan difícil vivir sin una respuesta a este «¿por qué?» que no seduce fácilmente la idea de conectar los acontecimientos sobre los que no tenemos control con nuestra valoración consciente o inconsciente. Cuando nos hemos maldecido o hemos permitido que otros nos maldigan, es muy tentador explicar todas las fracturas que experimentamos como una expresión o confirmación de esta maldición. Antes de darnos del todo cuenta ya nos hemos dicho interiormente:«¿Ves?, siempre pensé que no era bueno… Y ahora lo sé con certeza. Los hechos de la vida lo demuestran».La gran llamada espiritual de los hijos amados de Dios es sacar de la oscuridad de la maldición esas fracturas y ponerlas bajo la luz de la bendición. Esto no es tan sencillo como suena. La fuerza de la oscuridad es poderosa a nuestro alrededor, y a nuestro mundo le resulta más fácil manipular a las personas que se rechazan a sí mismas que a las que se aceptan a sí mismas. Pero, si seguimos escuchando con atención la voz que nos llama amados, se hace posible vivir nuestra fractura no como la confirmación de nuestro miedo de ser inútiles, sino como una oportunidad para purificar y profundizar la bendición que descansa sobre nosotros. El dolor físico, mental o emocional vivido bajo la bendición se experimenta de formas radicalmente distintas al dolor físico, mental o emocional vivido bajo la maldición.
Al ver a las multitudes, tuvo compasión de ellas, porque estaban agobiadas y desamparadas, como ovejas sin pastor.
Mateo 9:36 (NVI)